domingo, 11 de septiembre de 2011

Locuras

Bien, para empezar os contaré una pequeña historia que pasó hace un tiempo. Ni en esta ni en ninguna historia que pueda contar, diré ningún nombre ya que la gente podría sentirse identificada e incluso ofendida. Dicho esto...

Era un día de verano, y bajaba con unos amigos a la maquinista en metro. Íbamos charlando y tal cuando, de golpe, vemos entrar en nuestro vagón a un par de chicas con las que no habíamos quedado. A una de ellas yo la conocía un poco, de haberla visto un par de veces y cuatro palabras, pero a su amiga no la había visto nunca. Esta última me despertó curiosidad, por el simple hecho de no conocerla, y porque, no nos vamos a engañar, era bastante mona. Se quedaron un par o tres de paradas, charlando con uno de mis amigos, que las conocía más que yo, y luego se bajaron.

Llegados a este punto, tengo que decir que llevaba un verano bastante estresante y yo, de tanto en cuando, necesito hacer algo fuera de lo normal, algo que me haga sentir vivo. Es algo difícil de explicar, pero la cuestión es que aquel día tenía ganas de liberarme.

Y allí estaba yo, sentado en aquella parada, viendo como aquellas dos chicas abandonaban el vagón. Y se me pasó por la cabeza lo emocionante que sería transformar aquel momento en una escena de película. Pensé lo increíble que sería salir por la puerta, bajarme en el andén, sorprender a la chica que no conocía y pedirle el número o algo para poder hablar con ella. Pensé seriamente en hacerlo y noté como el corazón se me aceleraba, pero después de todo me di cuenta de que necesitaba hacerlo, necesitaba salir ahí y hacer algo que hacía demasiado tiempo que no tenía la oportunidad de hacer... y me dejé llevar.

Decidido, me levante del asiento, para asombro de mis amigos allí presentes, y salí corriendo por la puerta, que ya estaba cerrándose con los últimos pitidos del metro. Cogí por sorpresa a las chicas y conseguí el correo de la que no conocía. Volví al andén a esperar al siguiente metro, orgulloso de mí mismo.

La cuestión es que, en el resto de días que siguieron, hablé muy poco con aquella chica, resultó que no era como me esperaba, no encajaba conmigo. Pero con gestos así es como uno se va acercando a esa mujer que busca todo hombre, la mujer perfecta para él. Yo siempre recordaré aquel día, como uno de los tantos en los que pude liberar mi mente y dejarme llevar por el momento, hacer una locura más que necesaria para mí.

Bueno, ahora me gustaría saber vuestra opinión. ¿Creéis que realmente es necesario hacer cosas así de vez en cuando? ¿Lo habéis hecho vosotros alguna vez? ¿El miedo a dar la nota es realmente un problema? ¿Y la vergüenza? ¿Realmente se necesita un gran motivo para hacer locuras de este tipo? Contadme vuestros pensamientos.

Hasta pronto.

2 comentarios:

  1. santi ia sabes que yo soy la primera en hacer tmb cosas asi, io tmb habria salido corriendo detras!

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  2. "Casualment" em sona la història. Crec que coses així són les que donen la emoció a la vida, aquestes bogeries són les que animen els nostres dies. Saps que jo poques vegades he fet coses així perquè no m'agrada donar la nota i certes coses em faria vergonya fer-les, però si hi ha un motiu bastant important es fa. Jo soc la primera a la que li agraden les sorpreses boges, i m'agrada que me les facin, però també ferles.

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